Después de casi dos semanas de caminata, los peregrinos de Santa Victoria Oeste atraviesan las últimas horas de una de las travesías de fe más extensas hacia la ciudad de Salta. La lluvia y el frío acompañaron la jornada sobre la Ruta Nacional 9, donde familias y voluntarios aguardaron su paso con comida, bebidas calientes y asistencia.
La columna inició su recorrido el 1 de septiembre, cuando 57 personas partieron desde Santa Victoria Oeste. Durante el trayecto se fueron sumando peregrinos de distintas localidades, por lo que actualmente resulta difícil determinar cuántas personas integran el contingente que llegará finalmente a la capital salteña.
En la jornada de ayer, los caminantes partieron cerca de las 6 desde el dique La Ciénaga, en Jujuy, y avanzaron hacia el límite con Salta. El mal tiempo y las dificultades propias del recorrido hicieron más lento el trayecto, aunque el objetivo se mantuvo firme: arribar este domingo alrededor de las 17.30 a la Catedral Basílica para encontrarse con el Señor y la Virgen del Milagro.
Durante el camino tuvieron que atravesar cerros, zonas de precipicios y extensas jornadas con dificultades para conseguir agua. Trinidad, coordinadora de la peregrinación, contó que en algunos momentos debieron buscar agua en pequeños arroyos para poder cocinar y abastecer al grupo.
Mientras los peregrinos avanzan, del otro lado de la ruta hay quienes los esperan desde hace años. Una familia mantiene desde hace 21 temporadas un puesto de asistencia en el límite entre Jujuy y Salta, una tradición que comenzó con la madre de Liliana Cardozo y que continuó después de su fallecimiento.
Este año, las bajas temperaturas y la lluvia hicieron que el café caliente, las tortillas, los bizcochitos, los sándwiches, las frutas y el agua fueran especialmente importantes para quienes llegan agotados tras días de marcha.
La recepción también cuenta con un puesto sanitario, donde personal de salud brinda las primeras atenciones. Según explicó el enfermero Darío Tabarcachi, las consultas más frecuentes están relacionadas con la fatiga física y las ampollas en los pies. Los peregrinos reciben curaciones y luego continúan su camino hacia puestos con mayor equipamiento.
El cansancio de casi dos semanas de recorrido se hace visible, pero la emoción por alcanzar la Catedral permanece intacta. Tras recorrer cientos de kilómetros, los peregrinos de Santa Victoria Oeste se encaminan hacia el último tramo de una promesa que, para muchos, comenzó mucho antes de poner un pie en la ruta.
