Durante la Guerra de las Malvinas, un grupo de soldados argentinos llevó consigo una pequeña imagen de la Virgen de Luján, patrona del país.
La imagen fue llevada por los soldados como forma de protección espiritual.
Cuando terminó la guerra, la imagen quedó en manos británicas y durante décadas se creyó perdida. La estatua permaneció en manos de un soldado inglés que buscó devolverla años después. Sabía que no era un trofeo de guerra.
En 2019 la imagen fue bendecida y entregada oficialmente a Argentina con intermediación de nuestro Papa Francisco.
En la guerra cambió de manos; volvió a casa.


