Siendo polémico, brillante y disruptivo, destacándose en gráfica, radio y televisión, construyó su inmensa trayectoria.
La muerte de Samuel “Chiche” Gelblung representa el cierre de una de las trayectorias más influyentes, polémicas y brillantes del periodismo argentino. A lo largo de más de cinco décadas, dejó su sello en prensa escrita, radio y televisión, consolidando una figura sin concesiones y de gran impacto en la cultura de los medios nacionales.
El periodista falleció durante la mañana de este miércoles en el Sanatorio Mater Dei del barrio de Palermo, donde había ingresado el martes por la mañana por un cuadro respiratorio. Era la cuarta internación que atravesaba en el año; pero a pesar de estas complicaciones de salud trabajó hasta sus últimos días.
Nacido en 1944 en Buenos Aires, se convirtió en un protagonista central de las últimas décadas en la historia de los medios, reconocido por su estilo directo y su capacidad para innovar en diferentes formatos. Su legado abarca desde la dirección de revistas emblemáticas hasta la conducción de programas de televisión que marcaron época.
De los primeros pasos al despegue profesional
Siendo aún adolescente emancipado, el periodismo lo llevó a nuevas experiencias y le permitió viajar a Europa como premio por su desempeño vendiendo la Enciclopedia Británica. “A los 16 ya conocía Londres, París, Roma, Ámsterdam y Lisboa”, destacaba. La autoformación en bibliotecas y el contacto temprano con la independencia forjaron una personalidad autodidacta.
El primer gran salto aconteció tras una cadena de estrategias poco convencionales. Con el secundario incompleto y un título falsificado, avalado por una maniobra con un sacerdote jesuita, logró ingresar a una escuela de periodismo y, enseguida, colarse en redacciones emblemáticas como Editorial Atlántida, donde ingresó en 1966 como pasante.
Allí consiguió su primera gran primicia a los 22 años, al infiltrarse en una reunión privada con el expresidente Illia, oportunidad que inició formalmente su carrera. Su jefe, Raúl Urtizberea, le comentó una frase que recordaría: “No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música”.
En sus inicios firmaba notas sensibles bajo el seudónimo Mariano Ovejero, tanto en gráfica como en coberturas internacionales, como la Guerra de los Seis Días. En paralelo, tuvo una breve veta en el tango, presentándose en La Botica del Ángel, hasta que eligió centrarse en el periodismo.
“Lo hice hasta que un día los dueños de la editorial vinieron a La Botica a ver el show y me vieron. Al otro día, me llamó mi director y me dijo: ‘Vas a tener que elegir: o el tango o el periodismo’. Ganaba más como periodista, así que ahí terminó mi carrera como cantante. Pero me divertía mucho”, explicó.
En la dirección de la revista Gente, entre 1975 y 1981, y de La Semana en los 80, apostó a la audacia y la creatividad, desarrollando investigaciones sociales empíricas. Gelblung no rehuía al sensacionalismo: “Me causa gracia que digan periodismo amarillo; hay una sola manera de hacer periodismo”, defendía. Estudió el modelo de los tabloides británicos y siempre priorizó la cercanía con el público.
El salto a la televisión fue, según relató, decisión de terceros: “Llegué a la tele a los 50; menos mal, si me agarraba a los 25 hubiera sido un desastre”. Los cambios de rutina y códigos le resultaron incómodos, pero supo aprovechar la oportunidad cuando Alejandro Romay, figura clave de la TV argentina, apostó por él y aprobó un presupuesto de USD 120 mil para una sola nota, un ejemplo de la dimensión de la producción en esa época.
Un innovador en el periodismo argentino
Durante los años 90, Chiche Gelblung se consolidó como exponente del periodismo televisivo con formatos que iban del análisis a lo declarativo y lo experimental. Programas como Memoria (Canal 9) marcaron época por la osadía de sus investigaciones y por cruzar con irreverencia los límites entre la crónica y la ficción. Entre las notas más resonantes se cuentan las investigaciones sobre el estafador Ricardo Gil Lecha y la desmitificación de la autopsia del extraterrestre de Roswell.
Con la mirada puesta en el compromiso personal, declaraba: “Guardias de 24 horas, de 48 horas, yo las hice. No le pido a nadie algo que no pueda hacer yo mismo”, explicó. Era reconocido como “jefe exigente”, pero defendía un liderazgo basado en el ejemplo y en la honestidad con sus equipos: “Nunca falté el respeto, jamás acosé a nadie. Soy gritón, pero bajo mis mismas reglas”.
La actividad periodística se extendió a ciclos radiales en La Red, Continental, Radio 10, Radio Rivadavia y La 100, así como la creación de portales digitales como Minuto Uno, Infoveloz y Rating Cero. Gelblung se definía a sí mismo como impulsado por la “curiosidad” y destacaba “el hambre como fórmula de vitalidad”.
Incluso en sus últimos años, al frente de su programa de Crónica TV, Chiche mantuvo una agenda intensa y realizó coberturas internacionales en zonas de guerra, como Ucrania en 2022, a los 79 años. “Hay que estar donde hay que estar. Roma, París, Vietnam, Biafra, Yom Kipur, la guerra de los Seis Días… siempre elegí los escenarios complejos”, decía.
En su etapa de madurez, evaluó de manera crítica la evolución del oficio: “Hoy todos los canales son policiales. Antes éramos únicos, originales. Ahora sos uno más y hay menos análisis, mucha coyuntura”, analizó. Pese a valorar los avances técnicos, resaltaba las carencias culturales: “No leen, no pueden referenciar el pasado”, lamentaba.
El reconocimiento profesional fue constante. Gelblung evocaba el consejo de Roberto Galán durante su debut televisivo: “Cuando se prende la luz, vos sos Dios; pero cuando se apaga, volvés a ser igual que todos”. Esa lección de humildad orientó su vínculo con la fama y con su audiencia.
